Además de esta selección de noticias, entrevistas, reportajes y artículos de opinión, puedes acceder al resumen de prensa de la semana del 17 al 23 de septiembre en el siguiente enlace.
Gallardón y la subversión del lenguaje. El País.
¿Es posible ser el ministro más valorado representando al ala ultraconservadora del país? ¿Es viable emprender una reforma sobre un asunto que afecta a las mujeres sin contar con ellas? ¿Es verosímil ser el ministro que más satisfecha tiene a la Conferencia Episcopal y pertenecer a la vez a esa extraña minoría del Partido Popular que apoyó el matrimonio homosexual? Sí, este personaje se llama Alberto Ruíz Gallardón. Y créanme cuando les digo que estos malabares políticos tienen que ver en gran parte con su extraordinaria habilidad para el arte del lenguaje. Posiblemente ha entendido como ningún otro que la lucha por el lenguaje es una cuestión de poder. Pero vayamos por partes.
Primero llegó a este país la despenalización de varios supuestos de aborto. Con ella parecía que se había concedido a las mujeres algo más que el mero derecho a decidir; también la posibilidad de que ellas pudieran hablar por sí mismas. Esto que parece tan obvio puso de manifiesto que cuando ciertos temas se convierten en un mero cálculo jurídico de derechos y libertades se tiende a olvidar una cuestión más profunda: la absoluta desconexión que se produce entre las voces de las implicadas, y los términos que definen el debate público al uso.
Las mujeres necesitábamos cambiar el lenguaje y hablar de nuestras experiencias. Hacer emerger nuestra propia voz ante un tema que nos afectaba. Por aquel entonces mucha gente no entendió que llevar una decisión privada a la discusión pública implicaba politizarla en sentido de darle visibilidad desde una resonancia diferente; la de las voces concernidas. Y de paso, salir de la perspectiva institucional sobre la que con frecuencia se plantean ciertos asuntos (especialmente los que atañen a mujeres), y dar cancha a un espacio de la sociedad civil que pudiera decidir qué cuestiones se politizan y cuáles no, y en qué términos.







